sesgo ideológico

Évole y las farmaceúticas

Vaya por delante que considero Salvados un buen programa de televisión. Aunque con el tiempo ha perdido parte del tono desenfadado y juguetón de las primeras emisiones, sigue siendo dinámico y ágil, y consigue mantener la atención del espectador. Jordi Évole ha demostrado que cuando quiere puede ser un buen entrevistador, y ha sacado unas cuantas declaraciones jugosas (la entrevista en la que consigue que Cayetano de Alba baje la guardia y acabe haciendo el ridículo como el señorito andaluz que dice  no ser es antológica) en las tres temporadas que lleva funcionando como reportaje semanal de actualidad. Tiene la virtud de no considerar imbécil al espectador, evitando banalizar los temas que trata, y es de los pocos programas (si no el único, a excepción hecha quizá de Informe semanal) en los que se han tratado temas como el déficit de tarifa, o el gasto en defensa con un cierto sosiego y un poco de profundidad.

Así que no sé si deberíamos alegrarnos de que en España haya un programa capaz de competir en prime–time hablando de educación, de la diputaciones provinciales o del fraude fiscal, o de lamentarnos ante la falta de costumbre y alternativas. Un programa tan condicionado por el sesgo ideológico de su cadena como este es considerado por un buen puñado de espectadores un referente de lo que debe ser el periodismo de calidad.

Porque a Salvados a veces se le saltan las costuras, y cae en la tentación de no dejar que la realidad les estropee un buen titular. Como por ejemplo, en el programa de este último domingo, “sobremedicados”. En el que se debate por qué somos, según la sociedad pública de administración sanitaria, el segundo país del mundo en consumo de medicamentos por persona, bastante por encima de los paises de nuestro entorno. Pero nada de dejar que el análisis sosegado, o las aportaciones de las diferentes partes implicadas – médicos, investigadores, instituciones, pacientes, industria farmacéutica – enriquezcan el debate, o maticen las posiciones ideológicas: desde el principio, para Salvados la industria farmacéutica es la única culpable. Al fin y al cabo,en los medios españoles demasiadas veces se moldea la realidad para que se adapte a los presupuestos ideológicos de sus clientes. Los productores de Salvados habrán considerado que el espectador joven, de izquierdas y concienciado hacia el que está orientada la cadena preferirá culpar de los problemas sanitarios a las corporaciones privadas, por lo que el reportaje está planeado para que que la farmaindustria aparezca como el malo de la película. Así los espectadores pueden ver cómodamente refrendada su posición de partida. No vaya a ser que perdamos cuota de mercado porque el público no oye exactamente  lo que quiere oir;  y  si por el camino hay que obviar, disimular  o tergiversar aquellos aspectos que no encajan con la visión de la realidad que prefieren los espectadores, pues se obvia, disimula o tergiversa. Un mal menor.

Así, asistimos a las sucesivas entrevistas que Évole les hace a Enrique Gavilán, médico de cabecera; a Ramón Laporte, director del instituto catalán del medicamento, a Cecilia Tena, ex – visitadora médica , a  Ildefonso Hernandez, exdirector general de salud pública, y, por último, al malo maloso: Javier Zabala, director de comunicación de Farmaindustria, el lobby de la industria farmacéutica en España.

Las cuatro primeras entrevistas son blandas y cordiales. Por ejemplo, Enrique gavilán (hasta el minuto 8) sale de prácticamente de rositas después de afirmar que muchas veces había expendido recetas a sabiendas de que no servía de nada el medicamento, para librarse de discutir con los pacientes; o para ahorrarse complicaciones en los días malos; o que solo después de que le pagaran un viaje de tres días a Praga para un congreso de dos horas había descubierto que los regalos  que le hacían los visitadores médicos eran a condición de que recetara los medicamentos de la marca que representaba el visitador.

Después, Évole entrevista a Ramón Laporte, director del instituto catalán del medicamento. Habla con el (minutos 8 al 19 del programa) de la excesiva medicalización de la salud que tratan de inducir las farmacéuticas, de la altísima proporción (uno de cada cinco) de medicamentos nuevos que hay que retirar del mercado, del gasto porcentual en medicamentos de la sanidad pública española, veinte puntos mayor que la británica, o del excesivo número de medicamentos (15.000) que puede prescribir un médico español. Y acepta como verídicas unas cuantas afirmaciones cuando menos discutibles que le hace este: que el precio de los medicamentos es arbitrario por el hecho de estar protegidos por patente durante 20 años, como si el trabajo de investigación necesario para crearlos fuera gratuito; que los medicamentos genéricos son iguales que los de marca, cuando lo cierto es que lo que es igual es el principio activo ( el excipiente puede variar y varía, y puede modificar la eficacia de los distintos medicamentos); o cuando para ilustrar el problema de las puertas giratorias entre la industria y los organismos reguladores (un problema sin solución sencilla, por cierto) insinúa que la bajada gradual del límite de colesterol en sangre considerado saludable, de 290 mg/dL a 180 mg/dL, ha sido por presiones comerciales de los laboratorios, cuando esta afirmación podía haberla contrastado (y rebatido) preguntando a algún médico especialista en enfermedades cardiovasculares, o simplemente con una búsqueda de cinco minutos por internet.

Luego viene la entrevista a Cecilia Tena, ex – visitadora médica. Nos cuenta (min. 19 a 27 del programa) que los visitadores médicos son en realidad comerciales de las compañías (debe ser noticia), y que tenían un presupuesto para gastar en regalos para los médicos: tanto para viajes pagados a congresos (esto era y sigue siendo legal, e incluso beneficioso, probablemente) como para jamones, plumas estilográficas, aparatos electrónicos, etc. Además, desacredita el código deontológico para las visitas médicas publicado en 2010, y en el que se prohíben expresamente los regalos promocionales a los facultativos. Pero en el programa se obvia –si que da la información en la web – que esta persona dejó la profesión en 2008, hace cinco años. Por lo que difícilmente su palabra puede servir para valorar el grado de cumplimiento de un código deontológico editado en 2010, o si en 2013 se trabaja igual que en el periodo que ella ejercía. (como ejemplo de un sector que conozco, para la selección de los libros de texto en los colegios los representantes editoriales utilizaban prácticas parecidas. Hasta que en 2011 firmaron un código de conducta en el que se prohibían a si mismos los regalos a los profesores o los centros, y hoy día, estas prácticas son residuales)

Para terminar con las entrevistas a “los buenos”, hablan con Ildefonso Hernandez (del minuto 27 al minuto 33), exdirector general de salud pública. Y curiosamente, decide no preguntar por qué España gasta proporcionalmente bastante mas en medicamentos que los países de nuestro entorno, o si es cierto que, tal y como dice Ramón Laporte, en España el porcentaje de consumo de nuevos medicamentos es del 34%, cuando en Alemania y Reino unido no llegan al 10%, o si es positivo o negativo mantener mas de 15.000 medicamentos disponibles para recetar, y si es negativo, que se puede hacer para solucionar esto. Centra la entrevista en sorprenderse porque las relaciones institucionales con los laboratorios farmacéuticos sean “extremadamente cordiales” (claro, porque lo normal debe ser llevarse a palos con los proveedores, especialmente si lo son de algo tan básico como los medicamentos que consumes) en si la industria farmacéutica “le metió muchos goles” cuando ejercía el cargo, y si la compra de las vacunas de la gripe A fue un gol que le metieron los laboratorios. Obviando que hubo recomendación por parte de la OMS, presiones a los laboratorios para que sacaran la vacuna, y presiones desde la prensa, que ante la ausencia de noticias en verano, se abonaron al histerismo con esta historia (una buena explicación a lo sucedido alrededor de la gripe A aquí)

Y al fin, llegamos al enfrentamiento con el malo: Javier Zabala, director de comunicación de Farmaindustria.

Como podéis ver, el tono cambia completamente: Jordi Évole se ha vuelto un entrevistador incisivo, agresivo, sarcástico; repreguntando con dureza, poniendo en cuestión todas las respuestas que le da, como si no le creyera, o el entrevistado no fuera un tipo de fiar. Igual igual que en las cuatro entrevistas anteriores, vaya. Reconociendo que el director de comunicación de Farmaindustria no tuvo probablemente su mejor día, en esta entrevista Évole siempre utiliza la frase o explicación que suena que suena peor, o más antipática: Le pregunta por la connivencia de los altos cargos de los organismos internacionales con los laboratorios, y tiene que rectificar ipso-facto, y cambiar connivencia por relación. Cuando le pregunta por los congresos a los que invitan a los médicos, estira el tiempo de ocio que le han contado: Jordi le añade dos días extra a la historia del médico de familia del principio del programa. Le hace trampa con el tema de los visitadores médicos: el de Farmaindustria afirma que hace unos años sí que había malas prácticas en las visitas médicas, pero que actualmente estaban erradicadas. Sale a colación el código deontológico de 2010, y lo utiliza para corroborar su postura. Y entonces Évole, para que los espectadores lo veamos como un mentiroso, utiliza el testimonio de la ex – visitadora médica que ha entrevistado antes en su contra: Que como sabemos sólo si entramos en la web, lleva fuera de la profesión desde hace cinco años. Sin decírselo, no fuera a a ser que el de Farmaindustria le desmontara el invento simplemente diciendo que la información que manejaba esa persona estaba desfasada. Claro, es el malo; el que quieren los productores desde el principio que sea el malo, porque es la conclusión que los estudios de mercado les han dicho que es la más satisfactoria para el espectador joven, de izquierdas y concienciado hacia el que está orientada la cadena; así que por si acaso, vamos a ayudarle al espectador señalándole claramente al culpable.

He leído por ahí que Salvados es, en el fondo, un programa cuya gran virtud es la de sofisticar y diversificar los campos para la crítica ideologizada. Yo, sin llegar tan lejos, si que creo que el programa, en el difícil intento de mantener una cierta objetividad satisfaciendo los presupuestos ideológicos de  la cadena, a veces se despeña. En este caso, ofreciendo un malo maloso como explicación simple de un problema complejo como es el de la sobremedicación.

Una lástima.

Dos notas extra:

*Si Jordi Éole (o alguien de su equipo) hubiera dedicado los cinco minutos que le he dedicado yo a buscar información sobre los riesgos asociados a la excesiva concentración de colesterol en sangre, hubiera encontrado la página de la fundación española del corazón, y no hubiera hecho el ridículo insinuando que la bajada del límite considerado saludable se había dado por motivos comerciales.

*Aunque absolutamente necesarios – al fin y al cabo, son los que diseñan y producen los medicamentos en gran parte responsables del espectacular aumento de la esperanza y calidad de vida de los países occidentales – los laboratorios farmacéuticos no son ningunos santos, y es evidente que parte de la culpa de la creciente sobremedicación en todos los países del primer mundo es suya.  Pero el problema de que estemos mas sobremedicados que los demás países de nuestro entorno es exclusivamente nuestro. Al fin y al cabo, la industria farmacéutica presiona en todos los sitios. Por cierto, también somos, a lo que parece, uno de los países en los que mas baratos nos salen los medicamentos a los ciudadanos. Curioso, no?

Otro día mas.