Pedrestre reseña de El capital en el siglo XXI

Bueno, pues mes y medio me ha costado el jodio.

Creía que no tardaría tanto. De hecho, no es un libro dificil ni especialmente denso, y está escrito de manera digna. Quitando cierto vocabulario y alguna expresión llamativa, apenas se nota que es una traducción sudamericana. Tal y como afirma el autor, es fácil de seguir incluso para legos en economía como yo. Pero siendo como es un libro de tesis, es inevitablemente pesado en muchos tramos, especialmente cuando se enfrasca en explicar y desgranar las diferentes series históricas de datos en las que se apoya.

Así pues, comentemos el libro. Lo primero: creo que la edición pide tapa dura. Reconozco que me gustan el papel, mate y muy levemente amarillento; la tipografía, el tamaño de letra y el interlineado compacto. La página es de lectura cómoda, quizá un pelín grande, pero tienes que andar pendiente de no abrir el libro demasiado, para que no se quede el lomo doblado, lo que es un engorro. Y por el tipo de libro que es, dudo que hubieran afectado a las ventas los 2/3€ extra – de 29 que vale a 32-33€ – que supone el cartoné.

En cuanto a su contenido, bien. La tesis principal del libro es que a largo plazo, y exceptuando periodos puntuales en países vinculados a procesos de recuperación o de convergencia, como la Europa continental en la década de los años cincuenta o China hoy, la tasa promedio de rendimiento del capital r es sensiblemente superior a la tasa de crecimiento promedio del ingreso y la producción g. Esto genera una dinámica de aumento de las desigualdades mediante la concentración de capitales: una vez constituido, el capital se repoduce solo, y a mayor velocidad según mas grande se vaya haciendo. A largo plazo y salvo que se le ponga remedio mediante acciones políticas, nos lleva a una sociedad de rentistas como la del siglo XIX. Solo el terremoto causado por las dos guerras mundiales ha volteado este equilibrio en los dos últimos siglos, pero nos vamos acercando a los valores estadísticos de capital/ingresos del trabajo  y % del capital en manos del 1% mas rico de la belle époque. Esta dinámica no se puede romper liberalizando aún mas la economía y perfeccionando el acceso y el funcionamiento de los mercados, ya que la desigualdad r>g es parte intrínseca del funcionamiento del modelo económico capitalista.

Para detener el aumento continuado de las desigualdades que produce mecánicamente el modelo económico capitalista, el autor propone:

– Retornar al impuesto cuasiconfiscatorio, del 70 – 80% sobre los ingresos absurdamente elevados, superiores a los dos – tres millones de euros anuales. Tal y como estaba en los años cincuenta y sesenta en todos los paises occidentales. La idea es desincentivar el crecimiento exponencial de los salarios de los superejecutivos, que el autor sostiene que no están vinculados a aumentos de la productividad o del beneficio de las empresas ni mucho menos equivalentes, sino mas bien a una sofisticada captura de rentas por parte de unas élites en proceso de hacerse hereditarias y no meritocráticas, y que no son útiles para la economía en su conjunto.

– Establecer un impuesto fuerte y progresivo de hasta el 10% anual para las mayores fortunas, sobre el capital. Para detener el crecimiento de las desigualdades patrimoniales globales, y poder financiar las inversiones en educación y bienestar social de los estados sin tener que aumentar la carga impositiva a las clases medias, o sin tener que incurrir en déficits presupuestarios que vayan engordando las deudas públicas, haciendo a los estados cada vez mas dependientes de los mercados de deuda.

Y ahora, mi opinión. Soy incapaz de discernir si las series de datos que presenta han sido “arregladas” (o hasta que punto lo ha hecho) para que encajen con su tesis; ya que ni he buceado entre los anexos técnicos online del libro, no tengo los conocimientos suficientes como para encontrar esos “arreglos”, si los hubiera  (Sala y Martí y Varoufakis  entre otros economistas, ponen en duda los datos de Pikkety de crecimiento de la relación capital/ingreso en los últimos treinta años, desde caminos y por motivos diferentes, así que algo habrá). El impuesto directo sobre el capital (y no solo sobre el rendimiento de este) creo que es una idea poderosa, aunque utópica – ya que requiere una coordinación internacional mucho mayor que la actual – y tal y como la plantea Pikkety,  sumada a impuestos marginales sobre el ingreso tan elevados, posiblemente demasiado agresiva: probablemente, sería mas fácil su implantación en una versión bastante suavizada. En todo caso, la de Pikkety me ha resultado una argumentación razonablemente sólida, quizá porque no soy economista, y me muevo en unos parámetros ideológicos cercanos a los del autor.

Por lo demás, un libro necesario. Pone en el debate público el problema de la desigualdad, y no solo el de la “desigualdad de oportunidades”, demuestra que desde la izquierda, o el centroizquierda si se prefiere, se puede seguir haciendo o proponiendo políticas “duras”, y no solo hablar del matrimonio homosexual y similares (que no digo que no sean temas importantes, pero…), y que se puede hacer desde el rigor y el empirismo, y no solo desde el sentimentalismo. O como dice el autor, “negarse a usar cifras rara vez favorece a los mas pobres”

Otro dia mas.

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