Shakespeare y la ballena blanca – Jon Bilbao

Jon Bilbao – Ribadesella (Asturias), 1972; residente en Bilbao – es muy buen escritor. Sus dos libros de relatos, Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa son magníficos; su penúltima novela, Padres, hijos y primates, me resultó demasiado fría y de diseño, con algún personaje escesivamente artificioso (ese profesor…) y una historia alargada de maneta artificial a base de, entre otras cosas, conversaciones brillantes sobre robótica entre los personajes, que a la postre, acaban resultando relleno vacío. Pero tuvo muy buenas críticas, como por ejemplo aquí y aquí.

Jon Bilbao

Así que como es alguien siempre interesante de leer, y además, un tipo muy agradable, compré hace ya unos meses (y me la dedicó, con dibujito incluido, en la feria del libro de Bilbao) su último libro, Shakespeare y la ballena blanca. Y reconociendo que a mucha gente de buen criterio les parecerá – ya les ha parecido, aquí y aquí – muy buen libro, a mí no me ha gustado, por desgracia. (No soy el único)

Creo que Shakespeare y la ballena blanca es una novela fallida. Probablemente ya desde su concepción: el mero hecho de hacer aparecer a Moby Dick te encamina irremisiblemente a la comparación con el original; y en esa comparación es muy dificil dar la talla. Es verdad que Jon Bilbao escribe muy bien. Bajo un estilo aparentemente sobrio y sencillo, sin ninguna floritura, esconde maquinaria de precisión: el gusto de leer algo bien escrito basta para sostener la novela durante bastantes páginas. También es encomiable su habilidad para recrear una época isabelina verosímil sin abrumar con una avalancha de recortes de enciclopedia; o para describirnos la ambigua amistad de Shakespeare con el conde de Southampton, salpicada con una cierta tensión sexual muy bien manejada por el autor, en los que son los mejores pasajes del libro.

La novela nos situa a Shakespeare navegando en un galeón de la armada camino de Dinamarca, para una misión diplomática. Este se adentra en (es transportada a) un territorio sobrenatural, y de este emerge un leviatán, que, a partir de ese momento, se dedica a rondar el barco: “Medía mas de noventa pies, desde el hasta el extremo de la cola plana; casi un tercio de la longitud lo abarcaba la pesada cabeza rectangular, coronada por el espiráculo. […] El lomo se hallaba erizado por infinidad de arpones, mucho de ellos retorcidos como sacacorchos. Algunos colgaban flojos, a punto de desprenderse. Debían de llevar largo tiempo allí clavados, pues la carne alrededor del hierro estaba ulcerada. Varios arpones arrastraban restos de cabo. Otros llevaban tras de sí algo mas.” Este encuentro hace que cunda el pánico entre los tripulantes del barco, ya que hagan lo que hagan, el leviatán no se marcha; e inspira a Sakespeare para imaginarse una obra de teatro nueva, que versará sobre un capitán ballenero obsesionado con cazar a una ballena blanca, que se irá desarrollando en su cabeza, convirtiéndose en una obra espejo del Moby Dick de Melville.

Y surgen los problemas. Durante bastantes páginas, la novela no es mas que un sofisticado soporte de la reseña del Moby Dick de Herman Melville, por Jon Bilbao. Y si, es interesante… como reseña de blog, y porque me entraron ganas de releer la maravillosa novela de Melville. Pero como literatura funciona mal. Esto lastra sobremanera la primera mitad de la novela, que resulta bastante insulsa; mas hacia el final hay mas acción, la historia coge pulso y enteros y por lo menos, resulta entretenida.

Pero esta segunda mitad tampoco se libra: La ballena blanca de este libro no mola. Sale demasiado y demasiado rato en la novela; y como en las pelis de monstruos modernas, que de tanto enseñarnos lo guays que son los monstruos por ordenador hacen que pierdan todo el encanto, el leviatán de Melville, manejado por Jon Bilbao, pierde grandeza, ambigüedad y todo el poder simbólico; y pasa a ser un vulgar bichejo del averno sin gracia ni capacidad de estremecer.

En fin, una novela fallida. Una lástima. Eso si, sirve para que alguno se anime a leer o releer el Moby Dick de Melville, bienvenida sea.

Otro día mas.

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